1 de febrero de 2025

Santo Evangelio 1 de Febrero 2025

 



 Texto del Evangelio (Mc 4,35-41):

 Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».



«¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?»


Rev. D. Joaquim FLURIACH i Domínguez

(St. Esteve de P., Barcelona, España)

Hoy, el Señor riñe a los discípulos por su falta de fe: «¿Cómo no tenéis fe?» (Mc 4,40). Jesucristo ya había dado suficientes muestras de ser el Enviado y todavía no creen. No se dan cuenta de que, teniendo con ellos al mismo Señor, nada han de temer. Jesús hace un paralelismo claro entre “fe” y “valentía”.

En otro lugar del Evangelio, ante una situación en la que los Apóstoles dudan, se dice que todavía no podían creer porque no habían recibido el Espíritu Santo. Mucha paciencia le será necesaria al Señor para continuar enseñando a los primeros aquello que ellos mismos nos mostrarán después, y de lo que serán firmes y valientes testigos.

Estaría muy bien que nosotros también nos sintiéramos “reñidos”. ¡Con más motivo aun!: hemos recibido el Espíritu Santo que nos hace capaces de entender cómo realmente el Señor está con nosotros en el camino de la vida, si de verdad buscamos hacer siempre la voluntad del Padre. Objetivamente, no tenemos ningún motivo para la cobardía. Él es el único Señor del Universo, porque «hasta el viento y el mar le obedecen» (Mc 4,41), como afirman admirados los discípulos.

Entonces, ¿qué es lo que me da miedo? ¿Son motivos tan graves como para poner en entredicho el poder infinitamente grande como es el del Amor que el Señor nos tiene? Ésta es la pregunta que nuestros hermanos mártires supieron responder, no ya con palabras, sino con su propia vida. Como tantos hermanos nuestros que, con la gracia de Dios, cada día hacen de cada contradicción un paso más en el crecimiento de la fe y de la esperanza. Nosotros, ¿por qué no? ¿Es que no sentimos dentro de nosotros el deseo de amar al Señor con todo el pensamiento, con todas las fuerzas, con toda el alma?

Uno de los grandes ejemplos de valentía y de fe, lo tenemos en María, Auxilio de los cristianos, Reina de los confesores. Al pie de la Cruz supo mantener en pie la luz de la fe... ¡que se hizo resplandeciente en el día de la Resurrección!

 

Seis sencillos pasos para fomentar la devoción al Sagrado Corazón e «identificarnos con Él»

 



 Seis sencillos pasos para fomentar la devoción al Sagrado Corazón e «identificarnos con Él»

Cerro de los Ángeles.

Un breve compendio de la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús actualizada que puede leerse de dos maneras, según su autor Manuel Vargas: o de principio a fin o a modo de consulta.

El Sagrado Corazón de Jesús está de moda. Algo que no deja de sorprender si se tiene en cuenta que esta devoción comenzó en el siglo XVII, tras las apariciones a Santa  Margarita María de Alacoque en Paray-Le-Monial (Francia) y su difusión en España por el beato Bernardo de Hoyos.  

Pero realmente tiene algo que decir al mundo de hoy esta devoción que cuenta con más de 400 años de historia? Para el sacerdote Manuel Vargas, no podría estar más de actualidad. Una convicción que le ha llevado a escribir Al menos tú ámame de la mano de la editorial Nueva Eva, bajo el subtítulo Espiritualidad del Corazón de Jesús hoy  y con prólogo del obispo Munilla.  Su misión es clara, "mostrar la actualidad del Corazón de Cristo" en un único libro. Sacerdote de la diócesis de Getafe, Vargas Cano ha escrito la primera biografía sobre el padre Luis María Mendizábal, el gran apóstol del Corazón de Cristo. Actualmente es vicario episcopal para el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid), momento propicio para sorprender con esta obra tras años de investigar y profundizar en esta devoción.  Pero, ¿cuáles son las formas en que los fieles pueden aplicar a su día a día esta devoción? El sacerdote y autor de Espiritualidad del Corazón de Jesús hoy destaca estas seis sencillas maneras de hacerlo: 

1º Confiar en Él

Para Vargas Cano, la devoción al Corazón de Jesús consiste en "vivir esperándolo todo de Jesucristo, de quien sabemos que nos ama con amor infinito". Observa que en la vida "tenemos incertidumbres y contratiempos" y que "hay personas que intentan comprar su tranquilidad" con dinero, formación, éxito o contactos para cuando vengan los problemas. "Pero al final, todos descubrimos que nada de este mundo puede garantizar plenamente la seguridad", explica. Por eso, invita a confiar en que solo Dios puede controlar los acontecimientos y proveernos en la necesidad. "Dios es el Amigo que nunca falla, no hay mayor seguridad que esa" y "Él, que lo puede todo, no va a permitir nada de lo que no pueda obtener un bien para mí, aunque a primera vista parezca un mal. No va a admitir nada que no esté previsto para mí desde toda la eternidad para que yo pueda ser feliz, ser santo y llegar al Cielo".

2º Consagrarnos a Él

El sacerdote resume el significado de la consagración al Sagrado Corazón como "entregarle todo y del todo. Nuestro pasado, aceptando nuestra historia, agradeciendo lo bueno y pidiendo perdón; también nuestro futuro, confiando que Él cuidará de nosotros y emplear nuestro presente en amarle y servirle, aceptando que Jesús pueda disponer de nosotros y de nuestra salud, de nuestras cualidades y de nuestros bienes… de todo lo nuestro". 

Sin embargo, explica que no solo las personas pueden consagrarse al Sagrado Corazón. Es lo más habitual -que se realiza con lecturas, encuentros y formación y se formaliza en la solemnidad del Sagrado Corazón-, pero también pueden consagrarse las familias con una imagen en el centro del hogar o incluso las naciones, como sucedió con España en 1919.

Al menos tú ámame.



Puedes conseguir aquí "Al menos tú ámame" (Nueva Eva), de Manuel Vargas.

 3º Identificarnos con Él

Partiendo de la base de que Jesucristo es "el modelo perfecto", la amistad con Él "nos permite ir conociendo con mayor profundidad los rasgos de su personalidad, sus actitudes y sus comportamientos. Nos vamos aficionando y Él va obrando en nuestro interior un milagro, nuestra transformación interior a imagen de su corazón. Eso es identificarnos con Él". 

En última instancia, explica, se trata de aspirar a lograr "un corazón nuevo" en el que esté inscrita la ley del Señor, los mandamientos. ¿Cómo lograrlo? "La tarea de nuestra santificación ya ha empezado con los sacramentos. Lo que nosotros podemos poner de nuestra parte es conocernos a nosotros mismos, conocer su Corazón y procurar hacer nuestros sus sentimientos. Es Jesús quien lo tiene que llevar a cabo, pero nosotros podemos aumentar nuestra unión con Él a través de una vida de oración y de frecuencia de sacramentos", agrega. 

4º El ofrecimiento de obras

Se trata de uno de los consejos más prácticos y sencillos recopilados por el sacerdote a lo largo de este volumen de espiritualidad. Basta con "ofrecer cada día al Señor todo lo que hacemos: lo bueno y lo malo, las penas y las alegrías, nuestro trabajo y nuestro descanso…Cuando estamos en gracia de Dios estamos unidos a Jesucristo y todo lo que hacemos nos permite colaborar con Él en la salvación del mundo", explica.

Y es sencillo, especialmente porque no se trata de realizar "cosas extraordinarias", sino "lo que tenemos que hacer, ofreciéndoselo a Dios". Ofrece una fórmula establecida, que consiste en rezar el "Ven Espíritu Santo", seguido de una consagración al Sagrado Corazón -"Señor mío y Dios mío Jesucristo, me consagro a tu Corazón"- y al Inmaculado Corazón de María "en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros Tu reino". 

Manuel Vargas Cano de Santayana. 


"En este libro queremos asomarnos a lo más hermoso del cristianismo, al centro de nuestra fe, que es Jesucristo, y en concreto al Corazón de Jesús, un tesoro que pocos conocen y del que poca gente disfruta", explica el autor. Eso sí, sin pretender ser "un manual de Teología", sino un breve compendio que esté "al alcance de cualquier persona".

5º La reparación 

Otra forma de cultivar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús consiste en la reparación: "Él Corazón de Jesús repara la relación del Padre con el hombre y con la creación, la herida causada por el pecado en el corazón del hombre". 

Aunque subraya que la mejor forma de reparar el Corazón de Jesús "es vivir con intensidad el momento presente llenos de amor a Él y dejar que Él reine en nosotros", esto se puede materializar de forma más concreta en tres formas de reparación: la negativa (evitar lo que ofende a Dios), afectiva (tener detalles particulares de afecto con el Señor) y la aflictiva (aceptar contratiempos sin enfadarnos, tratar bien a los que no son amables con nosotros, no quejarnos o hacer sacrificios). 

6º Reconocer el Reinado Social

Tras una detallada catequesis sobre los motivos por los que Cristo es Rey, Manuel Vargas detalla que una de las devociones más importantes al Sagrado Corazón es el reconocimiento de esta realeza de Cristo en todos los ámbitos, en el individual, el familiar y también el social y político. 

En este sentido, el sacerdote admite el deseo extendido de que los encargados de gobernar y dictar las leyes no lo hagan buscando su propio interés, sino con justicia y buscando el bien común. La mejor garantía de que esto suceda, menciona, es "que en el ejercicio de su responsabilidad se dejasen orientar por el Corazón de Jesucristo. La mejor manera de que no se aprovechen de su autoridad para tiranizar a los subordinados es que tengan conciencia de que existe una autoridad superior a ellos, que es Padre de todos, y que un día les pedirá cuentas de su tarea".  

Fuente: Religión en Libertad

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Jaculatoria

 


TRABAJÉ SIEMPRE POR AMOR

  


De las cartas de san Juan Bosco, presbítero (Epistolario, Turín 1959, 4 201-203)

TRABAJÉ SIEMPRE POR AMOR


Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene, ante todo, que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo; sino toda la Congregación salesiana. ¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez.

Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia lo llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.

Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.

Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor. Este era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón. Son hijos nuestros, y, por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente. Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos. En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.

31 de enero de 2025

Santo Evangelio 31 de Enero 2025

 


Texto del Evangelio (Mc 4,26-34):

 En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.



«El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano (...y) la tierra da el fruto por sí misma»


Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells

(Salt, Girona, España)

Hoy Jesús habla a la gente de una experiencia muy cercana a sus vidas: «Un hombre echa el grano en la tierra (...); el grano brota y crece (...). La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga» (Mc 4,26-28). Con estas palabras se refiere al Reino de Dios, que consiste en «la santidad y la gracia, la Verdad y la Vida, la justicia, el amor y la paz» (Prefacio de la Solemnidad de Cristo Rey), que Jesucristo nos ha venido a traer. Este Reino ha de ser una realidad, en primer lugar, dentro de cada uno de nosotros; después en nuestro mundo.

En el alma de cada cristiano, Jesús ha sembrado —por el Bautismo— la gracia, la santidad, la Verdad... Hemos de hacer crecer esta semilla para que fructifique en multitud de buenas obras: de servicio y caridad, de amabilidad y generosidad, de sacrificio para cumplir bien nuestro deber de cada instante y para hacer felices a los que nos rodean, de oración constante, de perdón y comprensión, de esfuerzo por conseguir crecer en virtudes, de alegría...

Así, este Reino de Dios —que comienza dentro de cada uno— se extenderá a nuestra familia, a nuestro pueblo, a nuestra sociedad, a nuestro mundo. Porque quien vive así, «¿qué hace sino preparar el camino del Señor (...), a fin de que penetre en él la fuerza de la gracia, que le ilumine la luz de la verdad, que haga rectos los caminos que conducen a Dios?» (San Gregorio Magno).

La semilla comienza pequeña, como «un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas» (Mc 4,31-32). Pero la fuerza de Dios se difunde y crece con un vigor sorprendente. Como en los primeros tiempos del cristianismo, Jesús nos pide hoy que difundamos su Reino por todo el mundo.