9 de octubre de 2026

Santo Evangelio 9 de octubre 2026

  


Texto del Evangelio (Lc 11,15-26):

 En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

»Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio».



«Algunos dijeron: 'Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios'»


Rev. D. Josep PAUSAS i Mas

(Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy contemplamos asombrados cómo Jesús es ridículamente “acusado” de expulsar demonios «por Beelzebul, Príncipe de los demonios» (Lc 11,15). Es difícil imaginar un bien más grande —echar, alejar de las almas al diablo, el instigador del mal— y, al mismo tiempo, escuchar la acusación más grave —hacerlo, precisamente, por el poder del propio diablo—. Es realmente una acusación gratuita, que manifiesta mucha ceguera y envidia por parte de los acusadores del Señor. También hoy día, sin darnos cuenta, eliminamos de raíz el derecho que tienen los otros a discrepar, a ser diferentes y tener sus propias posiciones contrarias e, incluso, opuestas a las nuestras.

Quien lo vive cerrado en un dogmatismo político, cultural o ideológico, fácilmente menosprecia al que discrepa, descalificando todo su proyecto y negándole competencia e, incluso, honestidad. Entonces, el adversario político o ideológico se convierte en enemigo personal. La confrontación degenera en insulto y agresividad. El clima de intolerancia y mutua exclusión violenta puede, entonces, conducirnos a la tentación de eliminar de alguna manera a quien se nos presenta como enemigo.

En este clima es fácil justificar cualquier atentado contra las personas, incluso, los asesinatos, si el muerto no es de los nuestros. ¡Cuántas personas sufren hoy con este ambiente de intolerancia y rechazo mutuo que frecuentemente se respira en las instituciones públicas, en los lugares de trabajo, en asambleas y confrontaciones políticas!

Entre todos hemos de crear unas condiciones y un clima de tolerancia, respeto mutuo y confrontación leal en el que sea posible ir encontrando caminos de diálogo. Y los cristianos, lejos de endurecer y sacralizar falsamente nuestras posiciones manipulando a Dios e identificándolo con nuestras propias posturas, hemos de seguir a este Jesús que —cuando sus discípulos pretendían que impidiera que otros expulsaran demonios en nombre de Él— los corrigió diciéndoles: «No se lo impidáis. Quien no está contra vosotros, está con vosotros» (Lc 9,50). Pues, «todo el coro innumerable de pastores se reduce al cuerpo de un solo Pastor» (San Agustín).

Santo Evangelio 23 de octubre 2026

 



 Texto del Evangelio (Lc 13,1-9):

 En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo».

Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’»

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«Fue a buscar fruto (...) y no lo encontró»


Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret

(Vic, Barcelona, España)

Hoy, las palabras de Jesús nos invitan a meditar sobre el inconveniente de la hipocresía: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró» (Lc 13,6). El hipócrita aparenta ser lo que no es. Esta mentira llega a su cima al fingir virtud (aspecto moral) siendo vicioso, o devoción (aspecto religioso) al buscarse uno mismo y sus propios intereses y no a Dios. La hipocresía moral abunda en el mundo, la religiosa perjudica a la Iglesia.

Las invectivas de Jesús contra los escribas y fariseos —más claras y directas en otros pasajes evangélicos— son terribles. No podemos leer o escuchar lo que acabamos de leer o escuchar sin que estas palabras nos lleguen al fondo del corazón, si realmente las hemos escuchado y entendido.

Lo diré en plural personal, ya que todos experimentamos la distancia entre lo que aparentamos ser y lo que somos de veras. Lo somos los políticos cuando nos aprovechamos del país proclamando que estamos a su servicio; los cuerpos de seguridad cuando protegemos a grupos corruptos en nombre del orden público; el personal sanitario cuando suprimimos vidas incipientes o terminales en nombre de la medicina; los medios de comunicación social cuando falseamos las noticias y pervertimos al personal diciendo que lo estamos divirtiendo; los administradores de los fondos públicos cuando desviamos una parte de ellos hacia nuestros bolsillos (individuales o de partido) y alardeamos de honestidad pública; los laicistas cuando impedimos la dimensión pública de la religión en nombre de la libertad de conciencia; los religiosos cuando vivimos de nuestras instituciones con infidelidad al espíritu y a las exigencias de los fundadores; los sacerdotes cuando vivimos del altar pero no servimos abnegadamente a nuestros feligreses con espíritu evangélico; etc.

¡Ah!: y tú y yo también, en la medida en que nuestra conciencia nos dice lo que tenemos que hacer y dejamos de hacerlo para dedicarnos únicamente a ver la paja en el ojo ajeno sin querer darnos cuenta siquiera de la viga que ciega el nuestro. ¿O no?

—Jesús, Salvador del mundo, ¡sálvanos de nuestras pequeñas, medianas y grandes hipocresías!


El Grupo Juvenil y Cristo

 



 El Grupo Juvenil y Cristo

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

Sitio web: Un mensaje al corazón

Cuando la Iglesia experimentó Pentecostés, cuando la fuerza y el poder del Espíritu Santo transformó a la Iglesia y rompió la mediocridad y la cobardía de los apóstoles, cuando el Espíritu Santo quemó el miedo de los apóstoles y los llenó de la fuerza y el poder de Dios, se lanzaron a predicar. El Espíritu de Dios hizo el milagro de que hablaran sin miedo, y la gente les entendió en sus diferentes lenguas. El Espíritu Santo transformó a los apóstoles, llenándolos de valentía y poder para predicar. Así empezó la Iglesia a convertir almas, a fundar comunidades y a hacer que Jesucristo fuera conocido y amado por muchísima gente. 

La fuerza del Espíritu Santo arrolló, rompió las cadenas e hizo de los hombres tímidos y cobardes hombres auténticos que se atrevieron a lanzarse a predicar y cambiaron los ambientes y las circunstancias. Gracias a los apóstoles, el evangelio comenzó a ser conocido en el mundo, nacieron y proliferaron las comunidades y comenzaron a florecer los carismas. Hombres y mujeres se lanzaron a predicar y a conquistar el mundo, pero las tinieblas empezaron a perseguirlos. Por ser de Cristo, miles y miles de hombres y mujeres murieron mártires en los primeros cuatro siglos de la Iglesia. Pedro murió crucificado en Roma y Pablo fue decapitado. Pero la Iglesia siguió adelante porque el Espíritu Santo, en un continuo Pentecostés, llenaba el corazón de la gente y los convertía en gente valiente y decidida. Y el martirio de esta gente se convirtió en semilla de nuevos cristianos. 

Eso es lo que la Iglesia quiere con los grupos juveniles, que se conviertan en semilla y permitan florecer más cristianismo. Queremos que cada grupo se convierta en auténtico faro de luz que ilumine el ambiente. Ustedes, muchachos y muchachas, tienen una palabra, una respuesta. Si viven en Cristo, se acercan al Señor, viven en comunidad, forman equipo, mantienen las reuniones, las oraciones, la reflexión Bíblica, una actitud de servicio y se lanzan a predicar, la Palabra convertirá a mucha gente. Hay que definirse, proclamar a los cuatro vientos que son de Cristo, sin importar que otros rían y los llamen tontos o cualquier otra necedad. Sean de Cristo y siéntanse orgullosos de serlo, por el mismo Cristo los eligió y los llamó. El Señor los necesita para predicar, necesita de su corazón para amar y de sus manos para servir. 

Necesitamos apóstoles y misioneros jóvenes que salgan de los grupos cristianos para llevar la Palabra a otros muchachos que están vacíos de Dios, con problemas de drogas, de licor y de vagancia y de esto a la delincuencia hay sólo un paso. Algunos jóvenes están metidos en problemas simplemente porque no han escuchado la Palabra de Dios. No podemos permitir que ni un joven más caiga en eso. Hay que luchar por ellos así como nos gustaría que lucharan por nosotros si cayéramos en problemas así. Ustedes pueden ser los portadores de la luz que rompa las tinieblas. 

Hoy les digo que la voluntad de Dios es que ustedes se integren en grupos de jóvenes seguidores de Cristo, sin temor a nada ni nadie. Cristo Jesús los necesita y ustedes necesitan de Él. Deben decir "sí" a Cristo para que se hagan sentir cada día más a través de sus grupos juveniles. Si permiten que en su alma y su corazón se realice un gran Pentecostés, que la fuerza y el poder de Dios actúe en ustedes, cambiarán el ambiente y las circunstancias porque con Cristo todo se puede. Si Cristo está con ustedes, quién podrá contra ustedes. 

Hay mucha mediocridad y se necesitan muchachas y muchachos auténticos, valientes, con coraje, audacia y creatividad para que se lancen a predicar sin miedo, por Cristo, a salvar almas. No queremos jóvenes blandengues o apáticos sino jóvenes definidos por Jesucristo. Pero tienen que acercarse a Él, orar, arrepentirse y pedir perdón por los pecados, renunciar al mal y buscar a Jesús. Si lo buscan, las cosas cambiarán mucho y los jóvenes se harán sentir más. Unidos con Cristo vencerán y serán una gran mayoría aplastante. Con la fuerza y el poder de Cristo se convertirán en un auténtico ejército espiritual para luchar contra el mal y las tinieblas. Luchen y vencerán el mal hablando del bien, haciendo el bien, propagando el bien y predicando la Palabra. Ustedes saben que existe mucho mal en el mundo y como jóvenes pueden hacer mucho. 

Los grupos juveniles deben aplicar las características de los primeros cristianos para que sean verdaderamente de Cristo. Ellos acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles que predicaban el evangelio, la buena noticia. Es fundamental que en el grupo juvenil se estudie la Biblia, para entender lo que dice Jesús. Los primeros cristianos convivían y esto también debe ser una práctica del grupo juvenil para conocer bien quién es el hermano y cómo es para que el grupo se integre más. Los cristianos partían el pan, lo que significa eucaristía. No se puede concebir un grupo juvenil que no asista los domingos a la misa ni comulgue. Los cristianos también oraban y así debe ser en los grupos juveniles. Es fundamental que tengan siempre un rato de oración. La Palabra también dice que los creyentes vivían unidos y compartían todo lo que tenían. ¡Que bonito! En un grupo juvenil cristiano no debe haber egoísmo; se comparte sobre todo el corazón, el alma, la presencia como amigos que siguen el mismo camino, están en la misma comunidad y se aman como hermanos. Dice la Palabra de Dios que alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El grupo juvenil debe servir a la comunidad. Por lo tanto, deben averiguar las necesidades del pueblo o la ciudad y ayudar. Si hay que limpiar el parque o cortar la hierba, se puede lograr en grupo. Que se sienta la presencia de los grupos juveniles cristianos ayudando en su comunidad en cualquier necesidad, porque como cristianos son servidores de los demás. Si no, no son grupo juvenil auténticamente cristiano. Es fundamental esa actitud de servicio, porque el que sirve se siente útil y contento consigo mismo. 

Dice la Palabra de Dios que se multiplicaban los prodigios y milagros y así es cuando un grupo cristiano se hace sentir en su comunidad. Quizás el más grande milagro es que un joven drogadicto ingrese al grupo, se convierta a Cristo y deje la droga. Otro gran milagro sería que una muchacha que anda con un hombre casado venga al grupo juvenil y decida renunciar a ese hombre porque no le conviene. Otro gran milagro sería que un joven que esté confrontando problemas con sus padres, por su actitud desobediente, vulgar y soez, se convierta en el grupo juvenil y sea respetuoso y obediente con ellos. 

En el grupo juvenil deben estar las puertas abiertas para cualquier joven, no importa el problema que tenga. Ustedes pueden ayudarlos a conocer la Palabra de Dios que es amor, reconciliación, perdón y salvación, y convertirse a Cristo para ser mejores personas a través del conocimiento de Dios. Promuevan ese encuentro con Cristo y extiendan la mano para salvar a la juventud. Un grupo cristiano juvenil debe ser un grupo de pescadores de almas, como dijo Jesús de Pedro, detectando en la comunidad a los que tienen problemas y atrayéndolos a formar parte del grupo, y nunca rechazando, no importa los pecados o errores que hayan cometido. Nunca se sabe el resultado que Dios propiciará a través de la buena influencia del grupo y pueden hacer un gran bien por algún muchacho o muchacha y también por su familia. Eso es hacer Iglesia y hacer patria, ayudar para que otros mejoren. Con la ayuda de Dios, todo se puede porque CON ÉL, USTEDES SERÁN . . . ¡INVENCIBLES! 


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Jaculatoria

 

8 de octubre de 2026

Santo Evangelio 8 de octubre 2026

  


Texto del Evangelio (Lc 11,5-13):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.

»Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».



«El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan»


Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio es una catequesis de Jesús sobre la oración. Afirma solemnemente que el Padre siempre la escucha: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Lc 11,9).

A veces podemos pensar que la práctica nos muestra que esto no siempre sucede, que no siempre “funciona” así. ¡Es que hay que rezar con las debidas actitudes!

La primera es la constancia, la perseverancia. Hemos de rezar sin desanimarnos nunca, aunque nos parezca que nuestra plegaria choca con un rechazo, o que no es escuchada enseguida. Es la actitud de aquel hombre inoportuno que a medianoche va a pedirle un favor a su amigo. Con su insistencia recibe los panes que necesita. Dios es el amigo que escucha desde dentro a quien es constante. Hemos de confiar en que terminará por darnos lo que pedimos, porque además de ser amigo, es Padre.

La segunda actitud que Jesús nos enseña es la confianza y el amor de hijos. La paternidad de Dios supera inmensamente a la humana, que es limitada e imperfecta: «Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo...!» (Lc 11,13).

Tercera: hemos de pedir sobre todo el Espíritu Santo y no sólo cosas materiales. Jesús nos anima a pedirlo, asegurándonos que lo recibiremos: «...¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (Lc 11,13). Esta petición siempre es escuchada. Es tanto como pedir la gracia de la oración, ya que el Espíritu Santo es su fuente y origen.

El beato fray Gil de Asís, compañero de san Francisco, resume la idea de este Evangelio cuando dice: «Reza con fidelidad y devoción, porque una gracia que Dios no te ha dado una vez, te la puede dar en otra ocasión. De tu cuenta pon humildemente toda la mente en Dios, y Dios pondrá en ti su gracia, según le plazca».