22 de agosto de 2026

Santo Evangelio 22 de agosto 2026

 



 Texto del Evangelio (Mt 23,1-12):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».



«El que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Jesucristo nos dirige nuevamente una llamada a la humildad, una invitación a situarnos en el verdadero lugar que nos corresponde: «No os dejéis llamar “Rabbí” (...); ni llaméis a nadie “Padre” (...); ni tampoco os dejéis llamar “Guías”» (Mt 23,8-10). Antes de apropiarnos de todos estos títulos, procuremos dar gracias a Dios por todo lo que tenemos y que de Él hemos recibido.

Como dice san Pablo, «¿qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?» (1Cor 4,7). De manera que, cuando tengamos conciencia de haber actuado correctamente, haremos bien en repetir: «Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer» (Lc 17,10).

El hombre moderno padece una lamentable amnesia: vivimos y actuamos como si nosotros mismos hubiésemos sido los autores de la vida y los creadores del mundo. Por contraste, causa admiración Aristóteles, el cual —en su teología natural— desconocía el concepto de la “creación” (noción conocida en aquellos tiempos sólo por Revelación divina), pero, por lo menos, tenía claro que este mundo dependía de la Divinidad (la “Causa incausada”). San Juan Pablo II nos llama a conservar la memoria de la deuda que tenemos contraída con nuestro Dios: «Es preciso que el hombre dé honor al Creador ofreciendo, en una acción de gracias y de alabanza, todo lo que de Él ha recibido. El hombre no puede perder el sentido de esta deuda, que solamente él, entre todas las otras realidades terrestres, puede reconocer».

Además, pensando en la vida sobrenatural, nuestra colaboración —¡Él no hará nada sin nuestro permiso, sin nuestro esfuerzo!— consiste en no estorbar la labor del Espíritu Santo: ¡dejar hacer a Dios!; que la santidad no la “fabricamos” nosotros, sino que la otorga Él, que es Maestro, Padre y Guía. En todo caso, si creemos que somos y tenemos algo, esmerémonos en ponerlo al servicio de los demás: «El mayor entre vosotros será vuestro

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Jaculatoria

 

La voz de la Iglesia que resuena dulcemente

  


De la constitución apostólica Divino afflatu, del papa san Pío décimo

(AAS 3 [1911), 633-635)

LA VOZ DE LA IGLESIA QUE RESUENA DULCEMENTE


Es un hecho demostrado que los salmos, compuestos por inspiración divina, cuya colección forma parte de las sagradas Escrituras, ya desde los orígenes de la Iglesia sirvieron admirablemente para fomentar la piedad de los fieles, que ofrecían continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que confiesan su nombre, y que además, por una costumbre heredada del antiguo Testamento, alcanzaron un lugar importante en la sagrada liturgia y en el Oficio divino. De ahí nació lo que san Basilio llama «la voz de la Iglesia», y la salmodia, calificada por nuestro antecesor Urbano octavo como «hija de la himnodia que se canta asiduamente ante el trono de Dios y del Cordero», y que, según el dicho de san Atanasio, enseña, sobre todo a las personas dedicadas al culto divino, «cómo hay que alabar a Dios y cuáles son las palabras más adecuadas» para ensalzarlo. Con relación a este tema dice bellamente san Agustín: «Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, porque se dignó alabarse, por esto el hombre halló el modo de alabarlo.» Los salmos tienen, además, una eficacia especial para suscitar en las almas el deseo de todas las virtudes. En efecto «si bien es verdad que toda Escritura, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, inspirada por Dios es útil para enseñar, según está escrito, sin embargo, el libro de los salmos, como el paraíso en el que se hallan (los frutos) de todos los demás (libros sagrados), prorrumpe en cánticos y, al salmodiar pone de manifiesto sus propios frutos junto con aquellos otros.» Estas palabras son también de san Atanasio, quien añade asimismo: «A mi modo de ver, los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esta sensación los recitan.» San Agustín dice en el libro de sus Confesiones: «¡Cuánto lloré con tus himnos y cánticos, conmovido intensamente por las voces de tu Iglesia que resonaba dulcemente! A medida que aquellas voces se infiltraban en mis oídos, la verdad se iba haciendo más clara en mi interior y me sentía inflamado en sentimientos de piedad, y corrían las lágrimas, que me hacían mucho bien.» En efecto, ¿quién dejará de conmoverse ante aquellas frecuentes expresiones de los salmos en las que se ensalza de un modo tan elevado la inmensa majestad de Dios, su omnipotencia, su inefable justicia, su bondad o clemencia y todos sus demás infinitos atributos, dignos de alabanza? ¿En quién no encontrarán eco aquellos sentimientos de acción de gracias por los beneficios recibidos de Dios, o aquellas humildes y confiadas súplicas por los que se espera recibir, o aquellos lamentos del alma que llora sus pecados? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor al descubrir la imagen esbozada de Cristo redentor, de quien san Agustín «oía la voz en todos los salmos, ora salmodiando, ora gimiendo, ora alegre por la esperanza, ora suspirando por la realidad»?

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21 de agosto de 2026

Santo Evangelio 21 de agosto 2026

 



 Texto del Evangelio (Mt 22,34-40):

 En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».



«Amarás al Señor, tu Dios... Amarás a tu prójimo»


Rev. D. Pere CALMELL i Turet

(Barcelona, España)

Hoy, el maestro de la Ley le pregunta a Jesús: «¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» (Mt 22,36), el más importante, el primero. La respuesta, en cambio, habla de un primer mandamiento y de un segundo, que le «es semejante» (Mt 22,39). Dos anillas inseparables que son una sola cosa. Inseparables, pero una primera y una segunda, una de oro y la otra de plata. El Señor nos lleva hasta la profundidad de la catequesis cristiana, porque «de estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,40).

He aquí la razón de ser del comentario clásico de los dos palos de la Cruz del Señor: el que está cavado en tierra es la verticalidad, que mira hacia el cielo a Dios. El travesero representa la horizontalidad, el trato con nuestros iguales. También en esta imagen hay un primero y un segundo. La horizontalidad estaría a nivel de tierra si antes no poseyésemos un palo derecho, y cuanto más queramos elevar el nivel de nuestro servicio a los otros —la horizontalidad— más elevado deberá ser nuestro amor a Dios. Si no, fácilmente viene el desánimo, la inconstancia, la exigencia de compensaciones del orden que sea. Dice san Juan de la Cruz: «Cuanto más ama un alma, tanto más perfecta es en aquello que ama; de aquí que esta alma, que ya es perfecta, toda ella es amor y todas sus acciones son amor».

Efectivamente, en los santos que conocemos vemos cómo el amor a Dios, que saben manifestarle de muchas maneras, les otorga una gran iniciativa a la hora de ayudar al prójimo. Pidámosle hoy a la Virgen Santísima que nos llene del deseo de sorprender a Nuestro Señor con obras y palabras de afecto. Así, nuestro corazón será capaz de descubrir cómo sorprender con algún detalle simpático a los que viven y trabajan a nuestro lado, y no solamente en los días señalados, que eso lo sabe hacer cualquiera. ¡Sorprender!: forma práctica de pensar menos en nosotros mismos.

Atraiga Siempre Lo Mejor

 



 Atraiga Siempre Lo Mejor

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

Sitio web: Un mensaje al corazón


"Yo sabía que esto me iba a ocurrir y así sucedió". Este comentario lo ha hecho usted muchas veces en el pasado cuando las cosas le han salido mal. Usted temía y anticipaba el futuro atrayéndolo negativamente. Su fe en que la cosas iban a salir mal causó que su potencial interior funcionara contra usted mismo y no en favor suyo. 

Existe una ley por la cual se guían muchas veces sus pensamientos y su conducta. La ley es: Cosas iguales se atraen. Tenga buenos pensamientos y con el tiempo usted atraerá cosas buenas. Tenga pensamientos malos y usted atraerá en última instancia pensamientos malos. Aunque usted conoce las consecuencias de alvergar emociones destructoras y recelosas cuando lo asaltan los temores ¿no le permite usted frecuentemente que existan dentro de su conciencia? Todos desgraciadamente lo permitimos. Por eso, muchas veces no son contestadas nuestras oraciones para liberarnos de una situación difícil o angustiosa; porque se debe disponer la mente para recibir lo que se pide. Usted debe permitir interiormente que el poder de Dios actúe, y dar las imágenes mentales y los sentimientos positivos adecuados. Dios hará maravillas en la medida que usted coopere. 

Si lo que vive en usted es miedo, temor, angustia, amargura, eso es lo que va a atraer, porque dice Jesús en el evangelio: "Que se haga como tu dices que crees"( MT 15,28). - El modo más seguro del mundo de atraer dificultades, es imaginar la posibilidad de que vengan a usted más dificultades - dice Harold Cherman. 

Ahora bien: los problemas son parte de la vida y no van a desaparecer porque tenga una mente positiva. Los problemas serán más fácilmente solucionados con una mente positiva porque usted atraerá las soluciones adecuadas y el señor podrá inspirarle el camino seguro. Si usted está anticipando lo peor mientras dice esperar lo mejor, es muy probable que va a recibir lo peor. Crea que está vencido y lo está. Crea que va a fracasar y fracasará. Las dificultades que encuentra en la vida se solucionarán en la medida que usted esté bien. Enderece su persona y podrá vencer las dificultades. 

Usted no puede pensar en amor y odio al mismo tiempo. Contrólese interiormente y decídase si va a tener una mente positiva o negativa. Una batalla continua está ocurriendo en nuestra conciencia debido a ese juego de sentimientos buenos y malos. Como criaturas que somos de libre voluntad, depende de nosotros crear un control emotivo y mental. Es nuestra misión conquistar nuestros temores y preocupaciones, y dirigir nuestros deseos por canales adecuados. Dice Jesús en el evangelio: "Si tu ojo está sano todo tu cuerpo estará sano". (Mt 6,22-23). La expresión ojo significa mente, yo interior, y cuerpo no sólo lo físico sino nuestros actos. Todo nuestro exterior es consecuencia de nuestro interior. 

Recuerde: usted es el arquitecto y el poder interno que usted tiene es el constructor de la casa que es su propio futuro. Funciona como un magneto, como un imán que atrae todo lo que usted representa mental y sentimentalmente. Las cosas suceden primero en su mente antes que puedan ocurrir en el mundo exterior. Su triunfo o su fracaso está en sus manos. Dígase: -Sé que solamente va a suceder lo bueno porque mi pensamiento es correcto-. Usted se va a convertir en un imán positivo. Busque los medios para que se realice y pídale mucha ayuda al Señor y así atraerá lo bueno. Dice Jesús en la palabra: "El que pide se le da, el que busca halla, aquél que está buscando se le dará lo que busca si con fe pide" (MT 7,7-12). 

Usted internamente tiene un poder increíble que le dio Dios. Por eso hoy le decimos atraiga siempre lo mejor. Sométase a una terapia espiritual donde exista mucha oración y pídale al señor que purifique su mente y su espíritu. Apunte en un papel que es lo que más quiere en la vida en orden de prioridades, y comience a poner los medios para alcanzarlo. Usted empezará a triunfar. El mayor problema que tiene para el triunfo es usted mismo. Sepa que Dios es su Padre y quiere ayudarlo. Piense en el Señor como su mejor alidado, su socio en esta empresa de triunfar, de superarse, de ser mejor. El Señor es maravilloso, el Señor es bueno, el Señor lo ama, el quiere hacer de usted una persona maravillosa, y no se olvide con Dios usted podrá vencer cualquier problema, porque ¡CON EL USTED ES INVENCIBLE!