Ahora no tengo ya ningún deseo, a no ser el de amar a Jesús con locura (...) Tampoco deseo ya ni el sufrimiento ni la muerte, aunque sigo amándolos a los dos.. (...) Ahora sólo me guía el abandono, ¡no tengo ya otra brújula...! Santa Teresa de Lisieux
Acordémonos que Jesús es siempre el mismo: ayer, hoy y siempre. Vamos a su corazón herido por la lanza y dejemos caer en Él el fardo de nuestras culpas. Tengamos confianza, inquebrantable confianza en que su amor infinito es más fuerte que todas nuestras miserias, que todos nuestros crímenes.