1 de enero de 2018

Evangelio 1 de enero 2018



Día litúrgico: 1 de Enero: Santa María, Madre de Dios (Día octavo de la octava de Navidad)

Texto del Evangelio (Lc 2,16-21): En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.


«Los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre»
Rev. D. Manel VALLS i Serra 
(Barcelona, España)


Hoy, la Iglesia contempla agradecida la maternidad de la Madre de Dios, modelo de su propia maternidad para con todos nosotros. Lucas nos presenta el “encuentro” de los pastores “con el Niño”, el cual está acompañado de María, su Madre, y de José. La discreta presencia de José sugiere la importante misión de ser custodio del gran misterio del Hijo de Dios. Todos juntos, pastores, María y José, «con el Niño acostado en el pesebre» (Lc 2,16) son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

“El pesebre”: Jesús ya está ahí puesto, en una velada alusión a la Eucaristía. ¡Es María quien lo ha puesto! Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Nueva, verdaderos evangelizadores que pueden dar «a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño» (Lc 2,17).

Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Cristo: «Todos los que lo oyeron se maravillaban» (Lc 2,18). Hemos de pedir la gracia de saber suscitar este “maravillamiento”, esta admiración en aquellos a quienes anunciamos el Evangelio.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20). La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce hasta la plegaria de alabanza y de acción de gracias, a la glorificación del Señor.

María, maestra de contemplación —«guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19)— nos da Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”. Su nombre es también nuestra Paz. ¡Acojamos en el corazón este sagrado y dulcísimo Nombre y tengámoslo frecuentemente en nuestros labios!

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Consagración al Corazón de Jesús


SANTA MARÍA ES MADRE Y DISCÍPULA DEL NIÑO DIOS


SANTA MARÍA ES MADRE Y DISCÍPULA DEL NIÑO DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Comenzamos este primer día del año 2018 celebrando tres fiestas en una. La primera, como no podía ser de otra manera, es la que nos señala la liturgia religiosa de este día: la fiesta de Santa María, Madre de Dios. San Lucas, en su evangelio de hoy, nos presenta a María y a José junto al niño recostado en un pesebre. María está asombrada y admirada ante lo que le dicen los pastores y guarda celosamente en su corazón sus pensamientos y sus emociones. María se da cuenta de que ha dado a luz un niño en el que se ha encarnado el mismo Verbo de Dios. Es madre y discípula, al mismo tiempo, del Dios encarnado en su hijo. Por ser madre de Jesús, el Salvador y hermano de los hombres, va a ser también madre nuestra y madre de la Iglesia. Por ser discípula, va a tratar siempre de cumplir la voluntad de su Señor y Maestro. Tantos y tan grandes privilegios y obligaciones no llenan de soberbia el alma de María, sino que la sumergen en una actitud contemplativa de profundo agradecimiento y unión con Dios. Así quiere María que seamos sus hijos, los que desde este momento hemos pasado a ser hijos de Dios por adopción, como nos recuerda el apóstol San Pablo, en su carta a los Gálatas. Así querrá María que sea la Iglesia, una Iglesia humilde, comprometida, y llena del Espíritu de su Hijo. Pidamos hoy a Santa María, Madre de Dios, que nos ayude a nosotros a ser buenos hijos suyos y fieles discípulos de su Hijo.

2.- Fiesta de Año Nuevo. La segunda fiesta que hoy celebramos es la fiesta del Año Nuevo. Es una fiesta civil, pero, probablemente, es la fiesta más extendida y más celebrada en la sociedad en la que vivimos. En nuestras felicitaciones navideñas, escribimos siempre: ¡Feliz Navidad!, y, a continuación, solemos añadir: ¡Próspero Año Nuevo! Lo de “próspero” este año habrá que desearlo con un poco más de intensidad. En cualquier caso, a partir de la medianoche, antes aún ya  de que amanezca el nuevo día del año nuevo, nos dirigimos a cualquier persona con la que nos encontramos, diciéndole: ¡Feliz año! El día de “año nuevo” es un día lleno de felicitaciones, abrazos y besos, sin distinción de credos y creencias. Esto es bueno, bonito y barato y los cristianos debemos ser los primeros en celebrar el nacimiento de este nuevo año con alegría, dándole gracias a Dios por la vida que nos concede año tras año. ¡Año nuevo, vida nueva!, decimos también. Pues, a ver si es verdad y comenzamos el año con el fuerte y sincero propósito de que este año sea nuevo, mejor que el anterior, en pensamientos, palabras y obras.

3.- También hoy celebramos la Jornada Mundial de la Paz. El mensaje del Papa Francisco para esta jornada tiene el siguiente lema "Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz. ¡Qué bien tan preciado y, por desgracia, tan imposible de conseguir es la paz! La paz personal, la paz familiar, la paz nacional, la paz mundial. La paz es un bien que nosotros solos no podemos conseguirla; tenemos que pedírsela a Dios todos los días, con insistencia. Para conseguir la paz, cada uno de nosotros, todos, debemos poner mucha humildad, mucho amor y mucha justicia. Con humildad y amor se pueden solucionar muchas dificultades, desavenencias, y malentendidos. El Papa nos dice en este mensaje que “tratemos de sensibilizar y formar el sentido de responsabilidad respecto a las gravísimas cuestiones que afligen a la familia humana, como el fundamentalismo y sus masacres, las persecuciones a causa de la fe y de la pertenencia étnica, las violaciones de la libertad y de los derechos de los pueblos, el abuso y la esclavitud de las personas, la corrupción y el crimen organizado, las guerras que causan el drama de los refugiados y de los emigrantes forzados”. Y, en fin, por nuestra parte, a todas las personas que, de una manera u otra, participan en Betania, les deseamos mucha paz para este año que comienza y les decimos: ¡PRÓSPERO AÑO 2018!