25 de diciembre de 2016

EN SILENCIO, DIOS HACE DE LAS SUYAS



EN SILENCIO, DIOS HACE DE LAS SUYAS

Por Javier Leoz

Sin ruido, pero con contenido. Sin fuegos artificiales, pero con mucho fuego en su interior. Sin campanas, cava, turrón ni otras tantas cosas vino el Señor. Lo hizo sin más dulce que Él mismo, sin más cava que el licor del amor y sin más campanas que el revoloteo de unos ángeles que proclamaban: ¡Gloria a Dios en el cielo que ha nacido el Salvador!

1.En esta noche lo grande se hace pequeño, lo inalcanzable se pone a la mano y –el camino de la salvación- es una aduana abierta por el inmenso amor que Dios nos tiene. ¿Qué tiene la Navidad que, hasta los más fríos, parecen refugiarse en la familia, los sentimientos o un intento de ser mejor? ¿Sólo solsticio o luces que no dicen nada? ¡No! La Navidad es el amor de un Dios. Por eso, desde ese amor, ya no tenemos. Dios se ha hecho fiador. Sale a nuestro encuentro y nos recupera. En la cuna de Belén, en esta noche, Dios habla sin más palabras que su deseo de conquistarnos. En la cuna de Belén , en esta noche, el silencio de Dios nos conmueve y remueve nuestras entrañas. ¡Gracias, Señor, por tu silencio! ¡Nunca tanto silencio nos hizo tanto bien!

-El Dios, que siendo “YO” se hace como nosotros

-El Dios que está en los cielos y de una forma fulminante y comprometida desciende hasta la tierra. ¿Para qué? Para compartir nuestros sufrimientos y, esos sufrimientos, dignificarlos y santificarlos.

-El Dios que, tocando todo, respeta nuestro pecado y por lo tanto nos hace comprobar la diferencia entre la luz y la oscuridad, la gracia o la imperfección, el cielo o el infierno.

2.- En esta noche, los ángeles, interrumpen nuestro sueño. Algunos, como los contemporáneos del Niño Jesús, no se percatarán de su nacimiento

Otros, cerrando sus corazones, serán reflejo de aquellas otras posadas que dijeron ¡no! al paso de la Familia Sagrada

Y, otros más, entretenidos en sus cosas, en su mundo y mirando a otra parte…serán incapaces de descubrir, ver y seguir el destello de una estrella que conduce hasta el Dios Humanado.

¡Gracias, Señor!

Puede que, como los pastores, también nosotros veamos unos simples pañales, un austero portal.

Puede que, como los pastores, nuestros ojos no descubran nada extraordinario. Pero, es que en esa aparente invisibilidad del señorío de Dios, está la dignidad de su pobreza y la pobreza en su grandeza. Sólo, con un corazón sobrecogido por el misterio, podremos ver el prodigio que está contenido en un mísero establo. Nunca, tanta riqueza, se hizo tan gran mendigo para solicitar del hombre eso: cariño, amor, ternura, asombro, respeto, adoración y fe.

En el silencio de una noche mágica Dios quiso transformar el mundo, simplemente, haciéndose Niño. ¿Por qué nos empeñamos en romper el mundo siendo demasiado adultos?

¿POR  QUÉ, SEÑOR

Aprovechas la orfandad de la  noche

sin más cortejo, que el amor  de una Virgen

al amparo del cayado de un  anciano,

para nacer pobre siendo  inmensamente rico?

¿POR  QUÉ, SEÑOR

Pudiendo ser agasajado por  cortejos reales

prefieres la bondad y las  sencillez de unos pastores

y el calor de una mula y un  buey?

¿POR  QUÉ, SEÑOR

Comunicándote como siempre  lo has hecho

a través de profetas y reyes

signos, milagros y portentos

te sirves tan sólo de unos  ángeles

que van pregonando tu gloria  y tu nacimiento

de valle en valle?

¿POR  QUÉ, SEÑOR

Siendo Dios, como Tú lo  eres,

te humillas tanto a favor de  aquellos

que, siendo hombres, a veces  nos sentimos “dioses”

Dinos, Señor; 

¿Por qué te haces tan  pequeño?

¿Por qué quieres llorar y  sufrir como el hombre?

¿Acaso no sabes que, por ser  hombre,

te espera una cruz,  levantada por hombres, 

allá en un sangriento  horizonte?

¿POR  QUÉ, SEÑOR

Rompes las fronteras del  cielo

y te adentras, sin ruido ni  aspavientos, 

en la débil humanidad que  espera tu salvación?

¿POR  QUÉ, SEÑOR?

Sólo hay una respuesta, 

tan grande como Tú mismo

y tan corta la palabra que  te define:

¡TODO  POR AMOR!

Por amor naces y por amor  bajas

Por amor lloras y por amor  redimes

Por amor te dejas adorar 

y por amor, un día también,

en otro trono, de madera  también,

demostrarás lo mucho que nos  amas.

¡POR  AMOR, SEÑOR, VIENES AL MUNDO! 

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